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diumenge, 25 de juny de 2017

LA 91ª NOCHE


Y CUANDO LLEGO LA 91ª NOCHE

Ella dijo:
Y el alma descreída de aquel cristiano se le salió por el trasero, y fué a hundirse en el fuego del infierno.
Cuando los solados del ejército cristiano supieron de labios de los compañeros de Lucas la muerte de su campeón, se lamentaron y se golpearon rabiosamente, y se precipitaron sobre las armas, dando gritos de venganza. Y a la señal dada por los dos reyes, se colocaron en orden de batalla, precipitándose en masa sobre el ejército de los musulmanes. Y la pelea se trabó. Y los guerreros se enlazaron con los guerreros. Y la sangre inundó las mieses.
A los gritos sucedieron los gritos, los cuerpos quedaron aplastados bajo los cascos de los caballos. Los hombres, embriagados, no de vino, sino de sangre, se tambaleaban como borrachos. Los muertos se hacinaron sobre los muertos, y los heridos sobre los heridos. Así prosiguió la batalla, hasta que cayó la noche y separó a los combatientes.
Entonces Daul'makán, después de felicitar a su hermano por aquella hazaña, que había de ilustrar su nombre durante siglos enteros, dijo al visir Dandán y al gran chambelán: "Tomad veinte mil guerreros, y marchad hacia el mar, al pie de la Montaña Humeante, y cuando os dé la señal izando nuestro pabellón verde, os levantaréis para dar la batalla decisiva. Nosotros fingiremos que emprendemos la fuga, nos perseguirán los infieles y vosotros caeréis sobre ellos. Nosotros, volviendo grupas, los atacaremos, y así se verán cercados por todas partes; y ni uno de ellos se librará de nuestro alfanje cuando gritemos: ¡Alah akbar!
El visir y el gran chambelán pusieron inmediatamente en ejecución el plan que se les había ordenado. Y fueron a tomar posiciones en el valle de la Montaña Humeante, donde al principio se habían emboscado los guerreros cristianos procedentes del mar, que luego se habían juntado con el resto del ejército, lo cual había de ocasionar su pérdida, pues el plan de la Madre de todas las Calamidades era el mejor.
Y por la mañana, los guerreros de uno y otro bando estaban de pie y sobre las armas. Y por encima de las tiendas de ambos campamentos flotaban los pabellones y brillaban las cruces. Y los guerreros empezaron por rezar sus oraciones.
Los creyentes oyeron la lectura del primer capítulo del Corán, el capítulo de la Vaca; y los descreídos invocaron al Mesías, hijo de Mariam, y se purificaron con las defecaciones del patriarca, aunque seguramente falsificadas, dada la gran En caso de considerarlo oportuno, usted puede ejercer sus derechos de acceso, rectificación, cancelación y oposición de los datos personales y/o imágenes que pueda facilitarnos a través de nuestra página web y/o que se incluyan en la misma, a los efectos de la Ley Orgánica de Protección de Datos (LOPD) y legislación complementaria, dirigiéndose mediante correo electrónico en la dirección: circuloholmes@gmail.com indicando en el asunto: Política de Privacidad. de soldados fumigados. ¡Pero tal fumigación no los había de salvar del alfanje!
En efecto, dada la señal, la lucha volvió a empezar más terrible. Las cabezas volaban como pelotas; los miembros alfombraron el suelo, y la sangre corrió a torrentes, de tal modo que llegaba hasta el pecho de los caballos.
Pero súbitamente, como a consecuencia de un pánico considerable, los musulmanes, que hasta entonces habían combatido como héroes, volvieron la espalda y huyeron todos, desde el primero hasta el último.
Al ver huir al ejército musulmán, el rey Afridonios de Constantinia despachó un correo al rey Hardobios, cuyas tropas no habían tomado hasta entonces parte de batalla. Y le decía: "He aquí que huye el enemigo porque nos ha hecho invencibles el incienso supremo de las defecaciones patriarcales con el cual nos habíamos fumigado, untándonos las barbas y los bigotes. Ahora, ¡a vosotros corresponde completar la victoria, emprendiendo la persecución de esos musulmanes y exterminándolos hasta el último! Y así vengaremos la muerte de nuestro campeón Lucas..."
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.


dimecres, 21 de juny de 2017

LA 90ª NOCHE


PERO CUANDO LLEGO LA 90ª NOCHE

Ella dijo:
He aquí lo relativo al incienso de las defecaciones patriarcales. Pero en cuanto al rey Afridonios y a los cristianos, véase lo que ocurrió: Al llegar la mañana, el rey Afridonios, siguiendo el consejo de la Madre de todas las Calamidades, reunió a los jefes principales de su ejército y a todos sus tenientes, les hizo besar una gran cruz de madera, y los fumigó con el incienso supremo ya descrito y que estaba fabricado con defecaciones auténticas del gran patriarca, sin falsificación alguna. Así es que su olor era tan fuerte, que habríase matado a un elefante de los ejércitos musulmanes, pero aquellos puercos griegos ya estaban acostumbrados a él.
Entonces la Madre de las Calamidades se levantó y dijo: "¡Oh rey! antes de dar la batalla a esos descreídos, es necesario, para asegurar nuestra victoria, que nos deshagamos del príncipe Scharkán, que es el Cheitán hecho hombre y manda todo el ejército. El es quien guía a los soldados y el que les da valor. Muerto él, caerá fácilmente en nuestras manos el ejército musulmán. Enviémosle, pues, el guerrero más valeroso de nuestros guerreros, para que lo desafíe a combate singular y lo mate".
Cuando el rey Afridonios oyó estas palabras, mandó llamar en seguida al famoso guerrero Lucas, hijo de Camlutos, y con su propia mano lo fumigó con el incienso fecal. Después cogió un poco de aquella fenta, la humedeció con saliva, y le untó las encías, la nariz y las dos mejillas, le hizo aspirar un poco, y con el resto le frotó las cejas y los bigotes. ¡Y la maldición caiga sobre él!
Porque aquel maldito Lucas era el guerrero más espantoso de todos los países de los rumís, y ningún cristiano entre los cristianos sabía lanzar como él la azagaya, ni herir con la espada, ni atravesar con la lanza.
Pero su aspecto era tan repulsivo como grande era su valor. Su cara era extraordinariamente horrorosa, pues semejaba la de un burro de mala condición; pero mirado atentamente, se parecía a un mico, y observado con más cuidado, era como un espantoso sapo o como una serpiente entre las peores serpientes, y acercarse a él era más insoportable que separarse del amigo, pues había robado a las letrinas la fetidez de su aliento. Y por todas estas razones le llamaban Espada de Cristo.
Cuando este maldito Lucas quedó fumigado y ungido fecalmente por el rey Afridonios, besó los pies al rey y se quedó esperando. Entonces el rey Afridonios le dijo: "¡Quiero que retes a combate singular a ese bandido llamado Scharkán y nos libres de sus calamidades!" Y Lucas respondió: "¡Escucho y obedezco!"
Y habiéndole el rey hecho besar la cruz, Lucas se fué y cabalgó en un magnífico caballo alazán cubierto de una suntuosa gualdrapa roja, con una silla de brocado incrustada de pedrería. Y se armó con una larga azagaya de tres puntas, y de aquel modo se le habría tomado por el mismo Cheitán. Después, precedido de heraldos de armas y un pregonero, se dirigió hacia el campamento de los creyentes.
Y el pregonero, precediendo al maldito Lucas, gritó con toda su voz en lengua árabe: "¡Oh vosotros los musulmanes! he aquí al heroico campeón que ha puesto en fuga a muchos ejércitos de entre los ejércitos turcos, kurdos y deilamitas. ¡Es Lucas, el ilustre hijo de Camlutos! ¡Que salga de entre vuestras filas vuestro campeón Scharkán, señor de Damasco, y si se atreve, que venga a afrontar a nuestro gigante!"
Apenas se pronunciaron estas palabras, se oyó un gran temblor en el aire, un galopar que hizo estremecer el suelo, llevando el espanto hasta el corazón del maldito descreído, y haciendo que se volvieran las cabezas. Y apareció Scharkán, hijo del rey Omar Al-Nemán, que llegaba derechamente contra aquellos impíos, semejante a un león enfurecido, montado en un caballo más ligero que las más ligeras de las gacelas. Y llevaba arrogante la lanza en la mano, y declamaba estos versos:
¡El alazán más ligero que la nube que surca el aire, es mi alazán! ¡Y me sirve a mí!
¡La lanza de punta cortante, es mi lanza! ¡La blando, y sus relámpagos ondean como las olas!
Pero el embrutecido Lucas, que era un bárbaro sin cultura procedente de los países más oscuros, no entendía una palabra de árabe, y no podía gustar la belleza de aquellos versos ni el ordenamiento de las rimas. Así es que se contentó con tocarse la frente, que estaba marcada con una cruz, y llevarse en seguida la mano a los labios, por respeto a aquel signo.
Y súbitamente, más asqueroso que un cerdo, llevó el caballo hacia Scharkán. Detuvo bruscamente el galope y arrojó al aire muy alto el arma que llevaba en la mano, tan alto que desapareció a las miradas. Pero bien pronto volvió a caer. Y antes de que hubiese llegado al suelo, el maldito Lucas la cogió al vuelo como un brujo. Y entonces con toda su fuerza, arrojó la azagaya de tres puntas contra Scharkán. Y la azagaya partió rápida como el rayo. ¡Y ya estaba perdido Scharkán!
Pero Scharkán, en el mismo momento en que la azagaya pasaba silbando y le iba a atravesar, extendió el brazo y la cogió al vuelo. ¡Gloria a Scharkán! Y cogió la azagaya con mano firme, y la tiró al aire, tan alto que desapareció a las miradas. Y la volvió a coger con la mano izquierda en un abrir y cerrar de ojos. Y gritó: "¡Por Aquel que creó los siete pisos del cielo! ¡Voy a dar a ese maldito una lección eterna!" Y lanzó la azagaya.
Entonces el embrutecido gigante Lucas quiso repetir la hazaña realizada por Scharkán, y tendió la mano para coger el arma voladora. Pero Scharkán, aprovechando el momento en que el cristiano se descubrió, le tiró otra segunda azagaya, que le dió en la frente, en el mismo sitio en que tenía tatuada una cruz. Y el alma descreída de aquel cristiano se le salió por el trasero, y fué a hundirse en el fuego del infierno...
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.



dimarts, 20 de juny de 2017

LA 89ª NOCHE


Y CUANDO LLEGO LA 89ª NOCHE

Ella dijo:
"Y ni el mismo Cheitán, con todas sus malicias, podrá desenredar los hilos en que voy a coger a nuestros enemigos. Y he aquí el plan que hay que seguir para aniquilarlos:
"Envía por mar cincuenta mil guerreros, que desembarquen al pie de la Montaña Humeante, donde acampan los musulmanes. Y envía por tierra a todo el resto del ejército, y de este modo se verán cercados por todas partes, y ninguno de ellos podrá escapar".
Y el rey Afridonios dijo: "Verdaderamente, tu idea es una gran idea, ¡oh reina de las ancianas e inspiradora de las más sapientes!" Y aceptó el plan, y lo puso en ejecución en seguida.
Y los navíos se dieron a la vela, y desembarcaron al pie de la Montaña Humeante los guerreros, que se apostaron silenciosamente detrás de las altas rocas. Y por tierra avanzó él resto del ejército, que no tardó en llegar frente al enemigo.
Las fuerzas combatientes eran éstas: el ejército musulmán de Bagdad y el Khorassán comprendía ciento veinte mil jinetes mandados por Scharkán. Y el ejército de los impíos cristianos se elevaba a seiscientos mil combatientes. Así es que cuando cayó la noche sobre las montañas y las llanuras, la tierra parecía una hoguera, con todos los fuegos que la alumbraban.
En aquel momento, el rey Afridonios y el rey Hardobios reunieron a sus emires y a sus jefes de ejército, y resolvieron dar la batalla al día siguiente: pero la Madre de todas las Calamidades, que los escuchaba, se levantó y dijo:
"Las batallas sólo pueden tener resultados funestos cuando las almas no están santificadas. ¡Oh guerreros cristianos! antes de luchar tenéis que aproximaros al Cristo y purificaron con el supremo incienso de las defecaciones patriarcales".
Y todos contestaron: "Benditas sean tus palabras, ¡oh venerable madre!"
Pero he aquí en qué consistía este supremo incienso de las defecaciones patriarcales:
Cuando el gran patriarca de Constantinia hacía sus defecaciones, los sacerdotes las recogían cuidadosamente en toallas de seda y las secaban al sol. Después las mezclaban con almizcle, ámbar y benjuí, pulverizaban la pasta, completamente seca, la metían en cajitas de oro, y la mandaban a todas las iglesias y a todos los reyes cristianos. Y este polvo de las defecaciones patriarcales servía de incienso supremo para santificar a los cristianos en todas las ocasiones solemnes, especialmente para bendecir a los recién casados, para fumigar a los recién nacidos y bendecir a los nuevos sacerdotes.
Pero como las defecaciones del gran patriarca apenas bastaban por sí solas para diez provincias, y no podían servir para tantos usos en todos los países cristianos, los sacerdotes tenían que falsificar aquel polvo mezclándolo con otras materias fecales menos santas, como por ejemplo, las de los otros patriarcas menores y las de los vicarios.
Hay que tener en cuenta que era muy difícil distinguirlas. Por consiguiente, aquel polvo era muy estimado a causa de sus virtudes, pues aquellos sucios griegos, además de las fumigaciones, lo empleaban en colirios para las enfermedades de los ojos y en estomaquicos para los intestinos. Y éste era el tratamiento a que se sometían los reyes y las reinas más grandes. Todo esto contribuía a que su precio fuese tan elevado, que el peso de un dracma se vendiera en mil dinares de oro. Y he aquí lo relativo al incienso de las defecaciones patriarcales...
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.




diumenge, 18 de juny de 2017

LA 88ª NOCHE


Y CUANDO LLEGO LA 88ª NOCHE

Ella dijo:
Y Daul'makán contestó: "No le he recompensado aún en la medida que se merece. ¡Pero si quiere Alah, lo haré al regresar de la guerra!" Y entonces Scharkán pudo comprobar la veracidad de las palabras de Nozhatú, y rogó al gran chambelán que la saludase de su parte. Y el gran chambelán, cumplido el encargo, transmitió a Scharkán el saludo de Nozhatú, que pidió noticias de su hija Fuerza del Destino. Y al saber por Scharkán que estaba perfectamente, dió gracias a Alah por ello.
Cuando todas las tropas estuvieron reunidas, los dos hermanos se pusieron al frente de ellas. Y Daul'makán se despidió de su joven esclava, después de haberla instalado como se merecía.
Formaban la vanguardia del ejército los guerreros turcos, cuyo jefe se llamaba Bahramán, y la retaguardia los guerreros del Deilam (Provincia de Persia) cuyo jefe se llamaba Rustem. El centro iba a las órdenes de Daul'makán, el ala derecha la manda el príncipe Scharkán, el ala izquierda el gran chambelán, y el gran visir fué nombrado segundo jefe general del ejército.
No cesaron de viajar durante un mes entero, descansando tres días a cada semana, hasta que llegaron al país de los rumís. Y los habitantes huyeron aterrados, refugiándose en Constantinia y comunicando al rey Afridonios la invasión de los musulmanes.
El rey Afridonios mandó llamar a la Madre de todas las Calamidades, que acababa de llegar con su hija Safía, y había decidido al rey Hardobios a que se uniese con él para vengar la muerte de su hija Abriza.
Y el rey Afridonios, apenas se presentó la Madre de todas las Calamidades, le preguntó pormenores de la muerte del rey Omar Al-Nemán, y ella se apresuró a relatárselos, y entonces el rey le dijo: "Y ahora que el enemigo se acerca, ¿qué debemos hacer, ¡oh Madre de todas las Calamidades!?" Y ésta dijo: "¡Oh gran rey, representante de Cristo en la tierra! voy a indicarte el plan que has de seguir para triunfar, y ni el mismo Cheitán, con todas sus malicias, podrá desenredar los hilos en que voy a coger a nuestros enemigos".
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.




divendres, 16 de juny de 2017

LA 87ª NOCHE


PERO CUANDO LLEGO LA 87ª NOCHE
Ella dijo:
Entonces el chambelán abrió las cajas que contenían las riquezas traídas de Damasco, y no se quedó con nada absolutamente, pues todo lo repartió entre los soldados, dando las cosas mejores a los jefes del ejército. Y todos los jefes besaron la tierra entre sus manos, hicieron votos por la vida del rey, y se dijeron unos a otros: "¡Jamás hemos visto generosidad semejante!"
Y entonces Daul'makán dió la señal de marcha; se levantó el campo, y el rey, a la cabeza del ejército, hizo su entrada en Bagdad.
Y todo Bagdad estaba adornado y los habitantes hacinados en las azoteas. Y las mujeres daban gritos de júbilo cuando pasaba el rey. Y el rey, apenas llegó a palacio, llamó al jefe de los escribas y le dictó una carta para su hermano Scharkán, relatándole todo lo ocurrido desde el principio hasta el fin, terminando de este modo:
"Y te rogamos que al recibo de la presente movilices tu ejército y vengas a unir tus fuerzas a las nuestras, para que vayamos a pelear con los infieles y venguemos la muerte de nuestro padre, lavando la mancha que debe lavarse".
Después dobló la carta, la precintó con su sello, llamó al visir Dandán y se la entregó, diciéndole: "Sólo tú, ¡oh gran visir! puedes desempeñar una misión tan delicada cerca de mi hermano. Y dile que estoy dispuesto a cederle el trono de Bagdad y pasar a ser gobernador de Damasco".
Entonces el visir dispuso el viaje, y aquella misma noche salió para Damasco.
Durante su ausencia ocurrieron dos cosas importantes: la primera fué que Daul'makán mandó llamar a su amigo el encargado del hammam, le colmó de honores y le dió un palacio que mandó engalanar con las alfombras más hermosas de Persia. Pero ya se hablará extensamente, en el curso de esta historia, de este buen encargado del hammam.
Y la segunda cosa fué la siguiente: "el rey Daul'makán recibió de uno de sus vasallos diez esclavas blancas. Y una de estas jóvenes, cuya belleza era imponderable, agradó tanto al rey, que en seguida se acostó con ella y la dejó preñada al momento. Pero ya volveremos sobre esto en el curso de esta historia.
En cuanto al visir, no tardó en regresar, anunciando que el príncipe Scharkán, acogiendo favorablemente la petición, se había puesto en camino a la cabeza de su ejército. Y salieron a esperarle, y apenas habían andado una jornada vieron venir al príncipe Scharkán con su ejército, precedido por los batidores.
Y Daul'makán quiso apearse, pero Scharkán, desde lejos, le rogó que no lo hiciera, y fué el primero en descabalgar para precipitarse en brazos de Daul'makán, que de todas maneras se había apeado. Y se dieron un largo abrazo, llorando; y después de dirigirse palabras de consuelo por la muerte de su padre, volvieron juntos a Bagdad.
Y en seguida se convocó a toda la gente de armas del imperio, que acudió presurosa a causa de la recompensa y del botín que se les ofreció. Y durante un mes no dejaron de afluir guerreros. Y Scharkán contó a Daul'makán toda su historia; y Daul'makán también contó la suya, pero insistiendo mucho en los servicios del encargado del hammam. Así es que Scharkán dijo: "Seguramente habrás recompensado la virtuosa abnegación de ese hombre". Y Daul'makán, contestó:
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.


dijous, 15 de juny de 2017

LA 86ª NOCHE


Y CUANDO LLEGO LA 86ª NOCHE
Ella dijo:
Entonces la anciana dijo: "¡Manda que llamen a la reina Safía!" Y el rey mandó inmediatamente llamar a tu madre la reina Salía, y la confió a la anciana, que la llevó en seguida adonde estaban las jóvenes. Después fué a sus habitaciones, y volvió con una copa sellada, le dió la copa al rey Omar, y le dijo: "En la mañana del trigésimo día, terminado tu ayuno, irás a tomar un baño. Después regresarás a tu celda, y beberás esta copa, que completará tu purificación y te hará digno de estrechar contra tu seno a mis cinco jóvenes. Y ahora, ¡contigo sean la paz, la misericordia de Alah y todas sus bendiciones!, ¡oh hijo mío!"
Y la anciana se fué acompañada de las cinco jóvenes y de tu madre la reina Safía.
Y el rey siguió su ayuno hasta el trigésimo día. Y al llegar la mañana del trigésimo día, el rey se levantó, se fué al hammam, tomó el baño y después regresó a su celda, prohibiendo que nadie le llamase. Cerró por dentro con llave, cogió la copa, le quitó el sello, se la bebió, y después se tendió a descansar.
Y como sabíamos que era el último día del ayuno, aguardamos hasta el anochecer. Y después seguimos esperando toda la noche y hasta la mitad del día siguiente. Y pensábamos: "¡Debe estar descansando!" Pero como persistía en no abrir, nos acercamos a la puerta y dimos voces. Y nadie contestó.
Entonces, alarmados por aquel silencio, echamos la puerta abajo y entramos.
Pero el rey ya no estaba allí. Encontramos sus carnes destrozadas y sus huesos ennegrecidos. Y todos caímos desmayados.
Y cuando volvimos en nuestro conocimiento, cogimos la copa, la examinamos, y debajo de la tapa hallamos un papel que decía:
"¡A ningún malvado debe echársele de menos! Toda persona que, lea este papel, sepa que tal es el castigo de quien seduce a las hijas de los reyes y las corrompe. ¡Tal es el caso de este hombre! ¡Envió a su Dijo Scharkán para que arrebatase a la hija de nuestro rey, a la desventurada Abriza! ¡Y la cogió, y virgen como era, hizo de ella lo que hizo! ¡Y después se la dió a un esclavo negro, que la hizo sufrir los peores ultrajes y la mató! Y por ese acto, indigno de un rey, ha perecido el rey Omar Al-Nemán. Y yo, que lo he matado, sabed que soy la animosa y la vengadora, cuyo nombre es Madre de todas las Calamidades. Y no sólo, ¡oh vosotros infieles que me leéis! he matado a vuestro soberano, sino que me he apoderado de la reina Safía, hija del rey Afridonios de Constantinia, y se la voy a devolver a su padre.
Después todos volveremos armados, para destruir vuestras casas y exterminaros hasta el último. ¡Y no quedaremos en la tierra más que nosotros los cristianos, que adoramos la Cruz!"
"Al leer este papel comprendimos toda nuestra desgracia, y nos golpeamos el rostro, y lloramos mucho tiempo. Pero ¿de qué nos servían muestras lágrimas, cuando ya se había realizado lo irreparable?
"Y fué entonces cuando anduvimos discordes para la elección del sucesor el ejército y el pueblo. Y este desacuerdo duró todo un mes, al cabo del cual, como nada se sabía de tu existencia, se resolvió elegir a tu hermano. ¡Pero Alah te puso en nuestro camino, y sucedió lo que sucedió!
"Y tal es la causa de la muerte de tu padre el rey Omar Al-Nemán". Cuando el gran visir terminó su relato, sacó el pañuelo, se lo llevó a los ojos, y empezó a llorar. Y el rey Daul'makán y la reina Nozhatú, que seguía detrás de la cortina de seda, se echaron a llorar también, lo mismo que el gran chambelán y cuantos estaban presentes.
Pero el chambelán fué el primero en decir: "¡Oh rey! estas lágrimas ya no sirven para nada. Ahora te corresponde dar firmeza al corazón para velar por los intereses de tu reino. ¡Porque tu difunto padre sigue viviendo en ti, pues los padres viven en los hijos dignos de ellos!"
Entonces Daul'makán dejó de llorar y se preparó para la primera sesión de su reinado.
Se sentó en el trono, el chambelán se quedó de pie a su lado, el visir Dandán delante de él, y los grandes del reino se colocaron según su categoría.
Entonces, dirigiéndose al visir Dandán, le dijo: "Sepamos el contenido de los armarios de mi padre". Y el visir contestó: "¡Escucho y obedezco!" Y fué enumerando todo el contenido: dinero, riquezas y joyas; y le entregó una lista detallada. Y entonces el rey dijo: "¡Oh visir de mi padre! seguirás siendo el gran visir de mi reinado". Y el visir Dandán besó la tierra entre las manos del rey, y le deseó larga vida. Y el rey dispuso: "En cuanto a las riquezas que hemos traído con nosotros de Damasco, hay que repartirlas entre el ejército".
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.




dimarts, 13 de juny de 2017

LA 85ª NOCHE


PERO CUANDO LLEGO LA 85ª NOCHE
Ella dijo:
Cerró la puerta por dentro, se metió la llave en el bolsillo, y empezó inmediatamente el ayuno.
Y al llegar al undécimo día, desprecintó la colodra, se la llevó a los labios y la bebió de un trago. Inmediatamente experimentó un bienestar general y una gran dulzura en sus entrañas. Y apenas había bebido, llamaron a la puerta de la celda. Y al abrirla, entró la anciana con un paquete de hojas frescas de plátano.
Y el rey se levantó y le dijo: "¡Bienvenida seas, mi venerable madre!" y ella contestó: "¡Oh rey! he aquí que la Gente de lo Invisible me envía para transmitirte su saludo, pues le he hablado de ti, y todos se han alegrado mucho al saber nuestra amistad. Y te envían este paquete, que encierra bajo las hojas de plátano unas delicadas confituras que han preparado con sus dedos las vírgenes de negros ojos del paraíso. Así es que cuando llegue la mañana del vigésimo día, cortarás el ayuno comiendo las confituras". El rey Omar se alegró en extremo al oír estas palabras, y dijo: "¡Loor a Alah, que me ha permitido tener hermanos entre la Gente de lo Invisible!" Después dió muchas gracias a la anciana, le besó las manos, y la acompañó con muchas consideraciones hasta la puerta de la celda.
Y como había prometido, volvió la anciana al vigésimo día, y dijo al rey: "¡Oh rey! sabe que he comunicado a mis hermanos de lo Invisible mi intención de regalarte las jóvenes, y se han alegrado mucho a causa de la amistad que te tienen. Así es que antes de dejarlas entre tus manos, las voy a llevar a la morada de la Gente de lo Invisible, para que les infundan su aliento y las perfumen con un aroma tan agradable que te ha de encantar. Y volverán a ti llevando un magnífico tesoro extraído del seno de la tierra por mis hermanos de lo Invisible"
Y el rey le dió las gracias por todos sus favores, y le dijo: "¡En realidad, eso es demasiado! Y en cuanto al tesoro del fondo de la tierra, me parece verdaderamente excesivo y temo abusar". Pero ella respondió a esto como correspondía, y tu padre le preguntó: "¿Y cuándo me las traerás?" Ella dijo: "La mañana del trigésimo día, cuando hayas terminado el ayuno y te hayas purificado. Y esas jóvenes, cada una de las cuales vale más que todo tu imperio, tendrán entonces una pureza de jazmín, y te pertenecerán por completo". El contestó: "¡Oh qué verdad es ésa!" Ella dijo: "Ahora, si quisieras confiarme la mujer que prefieras entre tus mujeres, la llevaría con esas jóvenes, para que las gracias y purificaciones de mis hermanos, la Gente de lo Invisible, recayeran también en ella".
Entonces el rey tu padre dijo: "¡Cuántos beneficios he de agradecerte! En efecto, tengo una griega llamada Salía, hija del rey Afridonios de Constantinia, y Alah me ha dado de ella dos hijos a quienes, ¡ay de mí! he perdido hace años. Llévala contigo, ¡oh venerable anciana! para que recaiga en ella la gracia de la Gente de lo Invisible, y ojalá, por su intercesión, pueda recobrar mis hijos". Entonces la anciana dijo: "Seguramente, así será. ¡Manda que llamen a la reina Safía!"
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente