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dilluns, 22 de maig de 2017

LA 65ª NOCHE


PERO CUANDO LLEGO LA 65ª NOCHE
Ella dijo:
He llegado a saber, ¡oh rey afortunado! que la joven Nozhatú, mientras la escuchaban detrás del tapiz el príncipe Scharkán, los cuatro kadíes y el mercader, prosiguió de esta manera:
"¡Y a mí, que soy el califa, me ha tocado el cuidado de que ese río no se desvíe ni se pierda en el desierto!"
Entonces su tía Fátima le dijo: "¡Oh Emir de los Creyentes! he comprendido tus palabras, y las mías serán ya inútiles". Y se fué a buscar a los Beni-Ommiah, que la aguardaban, y les dijo: "¡Oh descendientes de Ommiah! ¡No sabéis cuán grande es vuestra suerte con tener por califa a Omar ibn-Abd El-Aziz!"
"Y el mismo califa Omar ibn-Abd El-Aziz, hombre probadamente íntegro, fué quien, al sentir cercana la muerte, reunió a todos sus hijos, y les dijo:
"El perfume de la pobreza es agradable al Señor".
Entonces Mosslim ibn-Abd El-Malek, uno de los presentes, repuso: "¡Oh Emir de los Creyentes! ¿cómo puedes dejar a tus hijos en la pobreza, cuando eres su padre y el pastor del pueblo, y podrías enriquecerlos a expensas del Tesoro? ¿No valdría más eso que dejar todas tus riquezas a tu sucesor?" Entonces el califa, moribundo en el lecho, se indignó, y dijo: "¡Oh Mosslim! ¿cómo había de darles ese ejemplo de corrupción, después de haberlos llevado toda mi vida por el buen camino? Asistí a los funerales de uno de mis antecesores, uno de los hijos de Meruán, y mis ojos vieron ciertas cosas, y juré no obrar así si algún día llegaba a ser califa".
"Y el mismo Mosslim ben-Abd El-Malek nos contó lo que sigue: "Cierto día, cuando acababa de dormirme al regreso del entierro de un jeique, tuve un sueño en que se me apareció aquel venerable anciano, vestido con ropas más blancas que el jazmín; y se paseaba por un paraje delicioso, regado por arroyos y refrescado por una brisa que se había perfumado en los limoneros floridos. Y me dijo: "¡Oh Mosslim! ¿qué no haría uno durante su vida para alcanzar este premio que yo tengo ahora?"
"Y he llegado a saber que en el reinado de Omar ibn-Abd El-Aziz un ordeñador de ovejas fué a visitar a un pastor amigo suyo, y le sorprendió ver en medio del rebaño dos perros salvajes. Y asustado de su aspecto, exclamó: "¿Qué hacen ahí esos perros tan terribles?" Y el pastor dijo:
"No son perros, sino lobos domesticados. Y no le hacen daño al rebaño, porque soy la cabeza que dirige. Y cuando la cabeza está sana, el cuerpo está sano".
"Y un día el mismo califa Omar dirigió a su pueblo, desde lo alto de un púlpito de barro, un sermón que se reducía a tres palabras. Y acabó así:
"Ha muerto Abd El-Malek, y también sus antecesores y sucesores. Y yo también me moriré, como todos ellos".
Entonces Mosslim dijo: "¡Oh Emir de los Creyentes!, ese púlpito no es digno del califa, pues ni siquiera tiene barandilla! ¡Déjanos ponerle al menos una cadena como barandilla" Pero el califa contestó: "¡Oh Mosslim! ¿querrías que Omar llevase al cuello el día del Juicio un pedazo de esa cadena?"
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.


dissabte, 20 de maig de 2017

LA 64ª NOCHE


PERO CUANDO LLEGO LA 64ª NOCHE
Ella dijo:
He llegado a saber, ¡oh rey afortunado! que la joven Nozhatú prosiguió de este modo:
"Y este mismo califa Omar se encontró un día con un esclavo que llevaba a pacer el ganado de su amo, y le propuso comprarle una cabra; pero el pastor dijo: "No puedo venderla porque no me pertenece". Entonces el califa dijo: "Eres un esclavo ejemplar, y voy a comprarte para que seas libre".
Y compró el pastor a su amo, y lo emancipó en seguida. Porque Omar pensaba:
"¡No todos los días se encuentra un hombre que sea verdaderamente íntegro!"
"Otro día, Hafsa, pariente de Omar, fué a buscarle, y le dijo: “!Oh Emir de los Creyentes! he sabido que en una expedición que Ibas de realizar has ganado mucho dinero. Así es que vengo, como pariente a pedirte un poco".
Y Omar dijo: "¡Oh Hafsa! Alah me ha nombrado guardián de los bienes de los musulmanes, y todo ese dinero es para el bien de los musulmanes. No lo tocaré ni por mi parentesco con tu padre, pues de otro modo perjudicaría a los intereses de mi pueblo ".
Y Nozhatú volvió a oír las exclamaciones de asombro con que manifestaban la admiración sus oyentes invisibles, pero cesó de hablar momento, y después dijo:
"Hablaré ahora de la TERCERA PUERTA, que es la PUERTA DE LAS VIRTUDES.
"Y será con ejemplos sacados de la vida de aquellos hombres justos entre los musulmanes, compañeros del Profeta (¡sean con él la paz y la plegaria!)
"Nos cuentan que dijo Hassán Al-Bassrí: "No hay nadie que antes de entregar el alma no eche de menos tres cosas: no haber podido gozar por completo lo que había ganado durante su vida, no haber podido alcanzar lo que había esperado con constancia, y no haber podido realizar un proyecto largamente pensado".
"Y alguien preguntó un día a Safián: "¿Puede ser virtuoso un hombre rico?" Y Safián respondió: "Puede serlo, y lo es cuando tiene paciencia con las vicisitudes de la vida y cuando da gracias al hombre con quien fué generoso, diciéndole: "¡Oh hermano mío! te debo haber hecho ante Alah una acción perfumada".
"Y cuando Abdalah ben Scheddad vió acercarse la muerte, mandó llamar a su presencia a su hijo Mohammed, y le dijo: "He aquí, ¡oh Mohammed! mis últimos encargos: cultiva la devoción hacia Alah en privado y en público, sé siempre sincero en tus discursos, y glorifica siempre a Alah por sus dones y agradéceselos, porque el agradecimiento llama a otros beneficios. Y sabe muy bien, ¡oh hijo mío! que la dicha no reside en las riquezas acumuladas, sino en la piedad, ¡porque Alah te dispensará todas las cosas!"
"Nos cuentan también que cuando el piadoso Omar ben-Abd El-Aiz llegó a ser el octavo califa ommiada, reunió a todos los miembros de la familia de los ommiadas, que eran muy ricos, y les obligó a entregarle todas sus riquezas en el Tesoro Público. Entonces todos fueron a buscar a Fátima, hija de Meruán, tía del califa, a la cual Omar respetaba mucho, y le rogaron que los librara de aquella desgracia. Fátima fué a ver una noche al califa, y se sentó en la alfombra sin pronunciar una sola palabra. Y el califa le dijo: "¡Oh tía mía! puedes hablar lo que gustes".
Pero Fátima respondió: "¡Oh Emir de los Creyentes! puesto que tú eres el amo, no he de ser la primera en hablar. Y además, nada se te oculta, ni siquiera el motivo de mi visita". Entonces Omar ben-Ad El-Aziz dijo:
"Alah el Altísimo envió a su profeta Mahommed (¡sean con él la plegaria y la paz!) a fin de que fuere un bálsamo para las criaturas y un consuelo para todas las generaciones venideras. Entonces Mahommed (¡sean con él la paz y la plegaria!) reunió cuanto le pareció necesario, pero dejó a los hombres un río en que apagar su sed hasta el fin de los siglos. ¡Y a mí, que soy el califa, me ha tocado el cuidar de que ese río no se desvíe ni se pierda en el desierto!"
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.


divendres, 19 de maig de 2017

LA 63ª NOCHE


Y CUANDO LLEGO LA 63ª NOCHE
Ella dijo:
He llegado a saber, ¡oh rey afortunado! que la joven Nozhatú prosiguió de este modo:
"Reinando el califa Omar ibn-Al-Khattab, era su tesorero el anciano Moaikab, y como fuese a visitarle el hijo menor de Omar, acompañado de su nodriza, Moaikab le dió al niño un dracma de plata. Pero al poco tiempo el califa le mandó llamar, y le dijo: "¿Qué has hecho, ¡oh Moaikab!? Ese dracma de plata que has dado a mi hijo es un robo contra toda nuestra nación de musulmanes". Y Moaikab, que era un hombre íntegro, comprendió que había faltado, y no cesó de exclamar: "¿Dónde habrá en la tierra un hombre tan admirable como nuestro emir?"
"Cuentan también que el califa Omar salió a pasearse de noche acompañado del venerable Aslam Abu-Zeid. Viendo a lo lejos una hoguera, se acercó hacia allí, y vio a una pobre mujer que encendía unas ramas debajo de una cacerola y tenía a su lado a dos niños muy enclenques que gemían de un modo lamentable. Y Omar dijo: "La paz sea contigo, ¡oh buena mujer! ¿Qué haces ahí, sola, de noche y con este frío?" Ella respondió: "Estoy calentando un poco de agua para dársela a beber a mis niños, que se mueren de hambre y frío; ¡pero algún día pedirá Alah cuenta al califa Omar de la miseria en que nos vemos!"
Y el califa que estaba disfrazado, se conmovió profundamente y dijo: "¿Pero crees, ¡oh mujer! que Omar conoce tu miseria y no la alivia?"
Y ella contestó: "Entonces, ¿para qué es Omar califa, si ignora la miseria de su pueblo y de cada uno de sus súbditos?"
El califa calló, y ordenó al venerable Aslam Abu-Zeid que le siguiese. Y anduvo muy aprisa, hasta que llegó a la mayordomía de su casa; y entró en el almacén de la mayordomía y sacó un saco de harina de entre los sacos de harina y una vasija llena de grasa de carnero, y pidió a Abu-Zeid que le ayudase a echárselo a cuestas. Y Abu-Zeid se asombró hasta el límite del asombro, y dijo: "¡Déjame que lo lleve yo a hombros, ¡oh Emir de los Creyentes!" Pero el califa repuso: "¿Acaso podrás llevar también la carga de mis pecados el día de la Resurrección?"
Y obligó a Abu-Zeid a que le echase encima el saco de harina y la vasija de grasa de carnero. Y el califa anduvo apresuradamente, cargado de aquel modo, hasta que llegó junto a la pobre mujer. Y cogió harina, y cogió grasa, y lo echó todo en la cacerola, y con sus propias manos preparó aquel alimento. Y se inclinó hacia el fuego para soplarlo, y como tenía unas barbas muy largas, el humo de la leña se abría camino por entre las espesuras de aquellas barbas. Y apenas estuvo preparado aquel alimento, Omar se lo ofreció a la mujer y a las criaturas, que comieron hasta saciarse, a medida que Omar lo iba enfriando con sus soplos. Entonces Omar les dejó la harina y la vasija de grasa, y se fué, diciendo a Abu-Zeid: "¡Oh Abu-Zeid! la luz de ese fuego me ha alumbrado".
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.


dijous, 18 de maig de 2017

LA 62ª NOCHE


PERO CUANDO LLEGO LA 62ª NOCHE
Ella dijo:
"No os citaré más que algunos rasgos principales.
"Cierto día, uno de los chambelanes del califa Moawiah fué a anunciarle que un graciosísimo cojitranco llamado Aba-Bahr ben-Kais estaba esperando a la puerta. Y el califa dijo: "llacedle pasar". Y el cojitranco entró, y el califa Moawiah le dijo: "Acércate para que me deleite con tus palabras". Y le preguntó: "¡Oh Aba-Bahr! ¿cuál es tu opinión acerca de mí?" Y respondió el cojitranco:
"¿La mía? Sabe, ¡oh Emir de los Creyentes! que mi oficio es afeitar cabezas, cortar bigotes, cuidar las uñas, depilar sobacos, afeitar ingles, limpiar los dientes, y en caso de necesidad, sangrar las encías; pero nunca haré ninguna de esas cosas en día de viernes, porque sería un sacrilegio".
Entonces el califa le dijo: "¿Y cuál es tu opinión acerca de ti mismo?" Y el cojitranco respondió: "Pongo un pie delante del otro y lo hago adelantar lentamente, siguiéndolo siempre con la vista".
El califa preguntó entonces: "¿Cuál es tu opinión acerca de tus jefes?" Y el otro contestó: "Al entrar los saludo con toda ceremonia, y aguardo que me devuelvan el saludo".
Entonces preguntó el califa: `¿Y cuál es tu opinión acerca de tu mujer?"
Y exclamó el cojitranco: "Dispénsame de contestar a eso, ¡oh Emir de los Creyentes!" Pero el califa insistió: "Te conjuro a que me contestes, ¡oh Aba-Bahr!'
Y entonces el cojitranco dijo: "Mi esposa, como todas las mujeres, fué creada de la última costilla, que es una costilla de mala calidad y toda torcida". Y el califa dijo: "¿Pero qué haces cuando quieres acostarte con ella?" Y el cojitranco respondió: "Le hablo con agrado para prepararla bien, después le doy dos besos en todas partes, para excitarla como es debido, y apenas está en la disposición que tú comprendes, la tumbo de espaldas y la cabalgo. Y entonces, cuando la gota de nácar se ha inscrustado en su cimiento, exclamo: "¡Oh Señor!, haz que esta simiente se cubra de bendiciones, y no le asignes una forma mala; modélala según la belleza!" Después me levanto para hacer mis abluciones; cojo agua con las dos manos, la hago correr por mi cuerpo, finalmente glorio a Alah por sus beneficios".
Entonces el califa exclamó: "En verdad, has contestado deliciosamente. Así es que quiero que me pidas algo". Y Aba-Bahr el cojitranco dijo: "¡Unicamente que la justicia sea igual para todos!" Y se fué. Y el califa exclamó: "¡Aunque en todo el reino del Irak no hubiera más que este sabio, bastaría con esto!"
"Reinando el califa Omar ibn-Al-Khattab, era su tesorero el anciano Moaikab..."
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.

dimarts, 16 de maig de 2017

LA 61ª NOCHE


PERO CUANDO LLEGO LA 61ª NOCHE
Ella dijo:
"El rey Kesra, el gran rey de los persas, escribió a su hijo, al que había confiado el ejército de sus ejércitos: "¡Oh hijo mío! desconfía de la tibieza, pues enajenaría tu autoridad; pero no obres tampoco con dureza excesiva, porque hará fermentar la rebelión entre tus soldados".
"Y también se nos ha enseñado que un árabe fué a buscar al califa Abu-Giafar-Abdalah, y le dijo: "Ten hambriento a tu perro, si quieres que te siga". Y el califa se irritó contra el árabe. Y el árabe añadió: "Pero cuídate también de que un transeúnte no alargue un pan a tu perro, porque el perro te abandonará para seguir al transeúnte". Y Al-Mansur comprendió entonces, y se aprovechó del aviso, y despidió al árabe después de haberle obsequiado.
"Se cuenta también que el califa Abd El-Malek ben-Meruán escribió a su hermano Abd El-Aziz ben-Meruán, a quien había mandado a Egipto al frente de un ejército: "Puedes prescindir de tus consejeros y tus escribas, porque sólo te enterarán de lo que ya conoces; pero no descuides nunca a tu enemigo, que es el único capaz de hacerte saber la fuerza de tus soldados".
"Hablan también las crónicas de que el admirable califa Omar ibn-Al-Kattam no tomaba ningún servidor sin imponerle estas cuatro condiciones: no montar nunca en una bestia de carga; no apropiarse jamás el botín ganado al enemigo; no vestirse con trajes suntuosos, y no retrasarse nunca durante la hora de la plegaria. Y he aquí las palabras que le gustaba repetir: "No hay riqueza que valga lo que vale la sabiduría; no hay mejor piedra de toque que la cultura del espíritu y no hay gloria mayor que el estudio y la ciencia".
"El mismo Omar (¡téngalo Alah en su gracia!) fué quien dijo: "Las mujeres son de tres clases: la buena musulmana, que no se preocupa más que de su marido y sólo tiene ojos para él; la musulmana que sólo quiere casarse para tener hijos, y la prostituta, que sirve de collar al cuello de todo el mundo. Y los hombres también son de tres clases: el hombre cuerdo, que reflexiona y obra después de reflexionar, el que solicita el juicio de los hombres ilustrados y sólo obra con la más extremada prudencia, y el mentecato, que no tiene juicio alguno y no pide nunca consejo a los sabios".
"Y el sublime Alí-Abú-Taleb (¡Alah lo tenga en su gracia!) dijo:
"Precaveos contra las perfidias de las mujeres, no les pidáis su parecer; pero no las oprimáis, si no queréis que aumenten sus astucias y sus traiciones. Porque el que no conoce la moderación, va hacia la locura. Y en todas las cosas debéis ateneros a la justicia, singularmente en lo que atañe a vuestros esclavos".
Y cuando Nozhatú iba a seguir desarrollando este capítulo, oyó a los kadíes que decían detrás del tapiz: "¡Maschalah! ¡Nunca hemos oído palabras tan elocuentes, pero quisiéramos oír algo sobre las otras puertas!"
Y Nozhatú, con una transición muy hábil, dijo:
"Otro día hablaré del fervor en los otros tres caminos de la humanidad; pues ya es tiempo de que os diga algo de la SEGUNDA PUERTA.
"Esta segunda puerta es la de los BUENOS MODALES y de la CULTURA DEL ESPÍRITU.
"Y tal puerta, ¡oh príncipe del tiempo! es la más ancha de todas, porque es la de las perfecciones. Sólo pueden recorrerla en toda su extensión aquellos que tienen sobre la cabeza una befidición nativa.
"No os citaré más que algunos rasgos principales".
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana y se calló discretamente.


dilluns, 15 de maig de 2017

LA 60ª NOCHE


PERO CUANDO LLEGO LA 60ª NOCHE

Ella dijo:

"Sed testigos de que desde este momento emancipo a esta joven esclava que acabo de comprar y que me caso con ella". Entonces los cuatro kadíes se apresuraron a escribir el certificado de emancipación, y en seguida escribieron el contrato de casamiento y lo sellaron con su sello. Y el príncipe Scharkán no dejó de repartir generosamente entre los presentes una gran cantidad de oro para festejar su alegría, y tiró puñados de oro, que recogieron los servidores y los esclavos.

Después despidió a todos los presentes, excepto a los cuatro kadíes y el mercader. Y volviéndose hacia los kadíes, les dijo: "Ahora quiero que escuchéis las palabras que va deciros esta joven, para darnos una prueba de su elocuencia y su saber, y para que comprobéis las afirmaciones de este jeique". Y los kadíes contestaron: "Escuchamos y obedecemos". Y el príncipe Scharkán mandó tender un tapiz en el centro de la sala y colocó detrás de él a la joven, para que no estuviese cohibida y pudiera hablar sin que la viesen extraños.

Y en cuanto se tendió el tapiz, acudieron a rodear a su nueva señora las damas de servicio, y la ayudaron a colocarse más cómodamente y a aligerarse de parte de sus vestidos; y se maravillaban de sus perfecciones, y en su alegría le besaban los pies y las manos. Y por su parte, las esposas de los emires y visires se apresuraron a rendirle homenaje, dispuestas a oír lo que iba a decir al príncipe Scharkán y a los grandes kadíes de Damasco. Y antes de ir junto a ella, pidieron licencia a sus maridos.

Cuando Nozhatú vió entrar a las esposas de los emires y visires, se levantó para recibirlas, las besó cordialmente, las hizo sentarse a su lado, y les dirigía palabras cariñosas para corresponder a su homenaje, y tan amable estuvo, que todas se maravillaron de su cortesía, de su hermosura y de su inteligencia, y se decían: "Nos han dicho que era una esclava, pero seguramente es una reina, hija de un rey".

Y exclamaron: "¡Oh, señora! has iluminado la ciudad con tu presencia, y has colmado de honor a este país y a este reino. Y este reino es tu reino, y este palacio tu palacio, ¡y todas nosotras somos tus esclavas". Y ella les dió las gracias de la manera más dulce y agradable.

Pero en este momento Scharkán la interpeló desde el otro lado del tapiz, y le dijo: "¡Oh hermosísima joven, joya de estos tiempos! esperamos ansiosamente tus palabras elocuentes, pues dicen que estás versada en todas las ciencias, y hasta en las reglas más difíciles de nuestra sintaxis".

Y la joven Nozhatú, con voz más dulce que el azúcar respondió: "¡Tu deseo está sobre mi cabeza y sobre mis ojos! Y para satisfacerlo, hablaré sobre las TRES PUERTAS DE LA VIDA".

PALABRAS SOBRE LAS TRES PUERTAS

Y Nozhatú dijo:
"Te hablaré, en primer lugar, ¡oh príncipe valeroso! de la PRIMERA PUERTA: EL ARTE DE SABER CONDUCIRSE.
"Sabed, pues, que la vida tiene un objeto, y que el objeto de la vida es desarrollar el fervor.
"Ahora bien; el principal fervor tiene su forma en la pasión, que es bella por su fe.
"Nadie alcanzará el fervor más que por una vida activa, animada por la pasión. Y esta vida puede vivirse en cualquiera de los cuatro grandes caminos de la humanidad: El Gobierno, el Comercio, la Agricultura y los Oficios.
"En lo que concierne al GOBIERNO, es necesario que aquellos escasos hombres que están llamados a gobernar el mundo posean la ciencia política, una sutileza exquisita y una habilidad perfecta. Y en ningún caso deben dejarse guiar por su capricho, sino por un alto ideal, cuyo fin es Alah, el que todo lo puede. Y si regulan su conducta hacia este fin, la justicia reinará entre los humanos y cesarán las discordias en la superficie de la tierra. Pero lo más frecuente es que sigan sus inclinaciones, y acaben por resbalar en errores irremediables. Por que un jefe no es útil a su país sino cuando puede ser equitativo e imparcial y cuando impide que los fuertes opriman a los débiles y a los pequeños.
"El gran Ardechir, tercer rey de los persas, y uno de los descendientes de Sassán, dijo: "La autoridad y la fe son dos hermanas gemelas: la fe es un tesoro y la autoridad su guardián".
"Y nuestro profeta Mahomed (¡sean con él la paz y la plegaria!) ha dicho:
"Dos cosas rigen el mundo: la Autoridad y la Ciencia; si son rectas y puras, el mundo camina por la vía derecha; si son nefandas y malas, el mundo cae en la corrupción".
"Y el Sabio ha dicho: "El rey debe ser el guardián de la fe, de cuanto es sagrado y de los derechos de sus súbditos. Pero ante todo debe velar por que estén de acuerdo los que manejan la pluma y los que manejan la espada, ¡porque quien falte al hombre que maneja la pluma resbalará y se levantará jorobado!"
"Y el rey Ardechir, que fué un gran conquistador, dividió su imperio en cuatro distritos, y se mandó fabricar cuatro sellos en cuatro anillos. El primer sello era el anillo del Distrito marítimo, Y así sucesivamente los otros tres. Y lo hizo para asegurar el orden en su reino. Y así se siguió hasta la era islámica.
"Y el rey Kesra, el gran rey de los persas, escribió a su hijo, al que había confiado el ejército de sus ejércitos: "¡Oh, hijo mío!..."
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana, y se calló discretamente.


diumenge, 14 de maig de 2017

LA 59ª NOCHE


PERO CUANDO LLEGO LA 59ª NOCHE
Ella dijo:
He llegado a saber, ¡oh rey afortunado! que el mercader exclamó: "Gloria al que te ha modelado, ¡oh maravillosa criatura!" Y le rindió todos los honores y le prodigó todas las manifestaciones de respeto y admiración. Y después la acompañó hasta el hammam, yendo delante de ella, llevando en una bolsa de terciopelo la ropa con que había de vestirse después del baño. Y mandó llamar a la mejor amasadora del hammam, y le dijo: "En cuanto haya terminado, vendrás a llamarme". Y mientras Nozhatú tomaba el baño, el anciano mercader fué a comprar toda clase de frutas y sorbetes, y los depositó en la tarima a la cual había de ir Nozhatú a vestirse.
Y cuando se terminó el baño, la amasadora acompañó a Nozhatú hasta la tarima, la envolvió en paños y toallas perfumadas, y se comieron las frutas y bebieron sorbetes, dando lo que sobró a la guardesa del hammam.
En este momento llegó el mercader con un cofrecillo de sándalo, lo abrió invocando el nombre de Alah, y ayudado por la amasadora procedió a vestir a Nozhatú, para llevarla al palacio del príncipe Sharkán.
Y empezó por entregar a Nozhatú una banda de oro para cubrir la cabeza, y esta banda costaba mil dinares. Después una falda a la moda turca, bordada de hilos de oro, y unas botas rojas perfumadas con almizcle, cubiertas de lentejuelas de oro con bordados de flores que llevaban incrustadas perlas y pedrerías. Le puso en las orejas unos pendientes de perlas finas, que costaba cada uno mil dinares, y al cuello un collar de oro afiligranado, y le rodeó los pechos con redes de pedrería. Luego le ajustó el talle por encima del ombligo con un cinturón de diez hileras de bolas de ámbar y medias lunas de oro, y en cada bola de ámbar iba inscrustado un rubí, y en cada media luna nueve perlas y diez diamantes.
De suerte que la joven Nozhatú llevaba encima más de cien mil dinares en alhajas y joyas.
El mercader le rogó que le siguiera, y salió con ella del hammam, y marchaba delante de ella con andar grave y ceremonioso, apartando a los transeúntes. Y todos los transeúntes se asombraban de aquella belleza, y exclamaban: "¡Gloria a Alah en sus criaturas! ¡Cuán dichoso el hombre que la posea!" Y el mercader seguía andando, y ella detrás de él, hasta que llegaron al palacio del príncipe Sharkán.
Y el mercader se adelantó para entrar en las habitaciones de Scharkán, besó la tierra entre sus manos, y dijo: "¡He aquí que te traigo un presente incomparable, la cosa más bella y más extraordinaria de estos tiempos, el resumen de todos los encantos y todos los dones, la suma de todas las cualidades y de todas las delicias!" Y el príncipe Scharkán dijo: "¡Apresúrate a enseñármelo!" Y el mercader salió en seguida y trajo de la mano a Nozhatú, presentándola al príncipe. Y el príncipe Scharkán no podía reconocer en aquella maravilla a su hermana Nozhatú, a la cual nunca había visto, a causa de los recelos que sintió cuando su nacimiento y el de su hermano Daul-makán. Y llegó hasta el límite del entusiasmo al ver aquel talle y aquellas formas exquisitas. Y el mercader dijo: "Esta es la maravilla incomparable, única en el siglo. Además de la hermosura, don natural suyo, posee todas las virtudes y está versada en todas las ciencias religiosas, civiles, políticas y matemáticas. ¡Y está dispuesta a contestar a todas las preguntas de los sabios más ilustres de Damasco y del imperio!"
Entonces el príncipe Scharkán se apresuró a decir al mercader: "¡Déjala aquí, busca al tesorero para que te pague su precio y vé en paz!"
Y al oírlo, dijo el mercader: "¡Oh príncipe valeroso! he aquí que la había destinado al rey Omar Al-Nemán, tu padre, y venía a rogarte que me dieras una carta de recomendación para él; pero puesto que te agrada, que se quede aquí. ¡Y tu deseo está sobre mi cabeza y sobre mis ojos! Pero en cambio, te rogaré únicamente que me otorgues en adelante el derecho de franquicia para todas mis mercancías y el privilegio de no volver a pagar impuestos de ninguna clase". El príncipe contestó: "Te lo otorgo. Y ahora dime lo que te ha costado esta joven, para que te reintegre su precio". Y el mercader repuso: "Me ha costado cien mil dinares de oro, pero lo que lleva encima vale otros cien mil dinares". Entonces el príncipe mandó llamar a su tesorero, y le dijo: "Paga en seguida a este venerable jeique doscientos mil dinares de oro, y además, otros ciento veinte mil. Y por añadidura, dale el mejor ropón de honor de mis armarios. Y que se sepa en adelante que es mi protegido y que no se le deberá reclamar ningún impuesto".
Después el príncipe Scharkán mandó llamar a los cuatro grandes kadíes de Damasco, y les dijo...
En este momento de su narración, Schehrazada vió aparecer la mañana. v se calló discretamente.